Les cahiers de psychologie politique

Brèves

Alvaro Díaz Gomez

Subjetividad política y ciudadanía juvenil

Texte intégral

Ser o no ser. He ahí el dilema. Un punto de referencia para pensar la subjetividad

La anterior Frase de Shakespeare, en Hamlet, nos da la entrada para plantear como cuando hablamos de sujeto lo hacemos referido a un ser. Ser que es en cuanto está siendo, se está haciendo. En la realidad material no hay un no ser, lo que no quiere decir que en el plano de lo simbólico no exista ése denominado no ser, que es mi negación – no mi contrario, ni mucho menos mi enemigo- mi otredad; Sartre (1993; 52) dirá “la nada, que no es, no puede tener sino una existencia prestada: Toma su ser del ser; su nada de ser no se encuentra sino dentro de los limites del ser, y la desaparición total del ser no constituirá el advenimiento del reino del no ser, sino, al contrario, el concerniente desvanecimiento de la nada: no hay no-ser sino en la superficie del ser” Mi no ser, es el otro, biológico, cultural y simbólico que emerge ante mi en procesos relacionales y me hace dar cuenta que YO SOY, que existo en cuanto diferente a él y por lo tanto particularidad.

Pero, ¿cómo me doy cuenta que YO SOY YO? Mediante el proceso de reflexividad que me lleva a pensar sobre dos procesos construidos socialmente: mi existencia material en cuanto cuerpo que le da concreción a mi ser; y la existencia psico/social/simbólico/cultural que instituye condiciones de subjetividad. En tal sentido, la subjetividad es un proceso de reflexibilidad que asume cada quién, cuando piensa sobre sí mismo, ésta es entendida como (Cubides, H. 2004; 105) “un proceso por el cual uno mismo y sus acciones se convierten en el objeto de observación, a partir de examinar y comprender cómo las narrativas estructuran las propias experiencias y cómo nuestras experiencias estructuran nuestras narrativas”. Cuando esto ocurre hay un desgarramiento polifónico, por un lado la voz natural biológica que indica su existencia como individuo; Por otro, la voz cultural que se enuncia como sujeto interactuante en mundos comunicativos significantes; además, la voz “interior” que emerge a manera de “Mí”, en cuanto lo más interior e intimo del YO, y una voz que me advierte sobre la existencia de otro, en otredad y me propone el horizonte de la Intersubjetividad. En tal contexto me constituyo como ser y se supera el dilema del no ser en el plano de lo real material.

Pienso, luego existo. una marca de la subjetividad moderna

Ahora, en cuanto ser, me ubico reflexivamente desde el mí respecto a la pregunta ¿quién soy YO?  Las respuestas son múltiples, desde la materialidad del cuerpo se dirá “soy un ser”, desde el género se planteará “soy un Hombre, o soy una mujer” desde una opción sexual las palabras serán “soy Homosexual, Bisexual, transexual”, desde la religión emergerán opciones tale como “soy católico, protestante, budista, musulmán” en opción política se argüirá “soy de izquierda, de derecha, centro izquierda, centro derecha, extrema”, Pero lo común en estas respuestas es que no hay un alguien externo que esté argumentando respecto al interrogante, sino que debo asumirlo como YO, no hay un SOY sin un YO, y no hay un YO SOY, sino porque reflexiono sobre el YO/MI. Es decir, para responder por el yo, debo pensarme y al pensarme debo hacerlo sobre mí mismo. Lo anterior lo hago en dos perspectivas, de cuerpo/ sujeto, y de corporeidad/ subjetividad. Ahora, ellas no son opciones dicotómicas, por lo que bien se puede decir que respondemos en tanto cuerpo/ sujeto/corporeidad/ subjetividad.

Pero nuestra tradición cultural accidentalizada ha privilegiado la opción de cuerpo – sujeto y con ello enfatizado en una de sus cualidades: La razón. La expresión e influencia de tal acepción se encuentra con Descartes, de donde deriva la denominación de Sujeto Racional Cartesiano. Es él, quién planteará a manera de síntesis de su propuesta el axioma: pienso luego existo, “Pero en seguida noté que si yo pensaba que todo era falso, yo, pensaba, debía ser alguna cosa, debía tener alguna realidad; y viendo que esta verdad: pienso, luego existo era tan firme y tan segura que nadie podría quebrantar su evidencia, la recibí sin escrúpulo alguno como el primer principio de la filosofía que buscaba” (Descartes, 1981; 42)

Tal planteamiento va a atravesar como uno de sus ejes nodales la modernidad, con las siguientes características para la noción de sujeto y la formación de sujeto que de él se derivan: el Pienso, luego existo es un acto fundador del individuo que piensa por sí mismo; dando paso a una noción de sujeto hipostasiado; el sujeto es el fundamento de todo; esto en su devenir y su proceso colonizador intelectual conlleva a una acción de dominación de la naturaleza, desde la representación del mundo a partir de un sujeto (Maffesoli, 2004; 25); existencia de un yo autónomo, identificado con la razón, capaz de dominar las pasiones, las emociones, los deseos; se identifica sujeto humano con sujeto del conocimiento, la capacidad de reflexionar sobre su saber lo hace desde una separación de cuerpo y mente; propicia una sensación de realidad más fuerte que la realidad misma (Martín Barbero, 2004; 38) el sujeto se vuelve fundante de la verdad, de toda verdad posible (Morin, 1995 ;68).

Estas tendencias hegemónicas que históricamente se instituyen, en cuanto noción de sujeto, se complementan con la noción de Homo sappiens, hombre pensante, hombre racional. Pero, entonces ¿dónde queda el Homo Economus; el Homo faber, el homo ludens, el homo cotidianus? Este sujeto queda sujetado a la tradición tecnoinstrumental que desde la modernidad se instituye y es instituido como capitalismo y que en su lógica de desarrollo objetiviza, cosifica al sujeto. De allí se parte en la segunda acepción explicativa que quiere asumir al sujeto como corporeidad/ subjetividad y que se amplia a continuación.

Como no soy objeto no soy objetivo, como soy sujeto soy subjetivo. indicios de una subjetividad contemporánea

La primera frase del título anterior corresponde a Savater, Fernando (1999; 34) y permite plantear como no somos objetos, pero nos objetiviza(mos)n, nos cosifica(mos)n. Somos sujetos sujetados a sujeciones que nos sujetan pero no de una manera finalista, teleológica, sino como proceso instituido que permite y crea condiciones para que se instituyan sujetos con subjetividades.

Ahora, en condición de contemporaneidad, el sujeto cartesiano está siendo debatido y abatido, por lo que desde diferentes perspectivas se declara su muerte y el nacimiento de un nuevo sujeto, que en tanto plural, va a constituir subjetividades fragmentadas y múltiples. El primer aspecto el del debate y debilitamiento del sujeto cartesiano, se expresa según Zizek (2001;10) desde tres campos académicos contemporáneos en los que se juega la interpretación de la subjetividad, son ellos: la tradición del idealismo alemán; la filosofía política posalthusseriana; el Deconstruccionismo del sujeto que permite reconocer múltiples posiciones y múltiples subjetivaciones.

El segundo aspecto, el del abatimiento conceptual del sujeto, se presenta retomando a Zizek desde ocho tendencias, que se derivan de los tres campos anteriores; 1 - Subjetividad Cartesiana (el sujeto existe en cuanto se piensa racionalmente) 2.- El Deconstruccionismo postmoderno (el sujeto cartesiano es una ficción discursiva) 3.- Teoría Habermarsiana de la comunicación ( se requiere pasar de una subjetividad monológica cartesiana a una discursiva) 4.- Perspectiva Heideggeriana del ser (Centra el interés en la necesidad de atravesar el horizonte de la subjetividad moderna que ha terminado en nihilismo) 5.- Corriente cognoscitivista (su planteamiento central es que no hay una única escena del sí mismo, sino fuerzas competitivas) 6.- Ecólogos profundos (culpan al materialismo mecanicista cartesiano del destrozo de la naturaleza) 7.- Postmarxistas críticos ( quienes defienden como la libertad ilusoria del sujeto pensante burgués arraiga en la división de clases) 8.- Movimiento feminista ( Discuten como el Cogito asexuado cartesiano es una forma de expresión patriarcal masculina)

En esta tensión que se da en el horizonte debatimiento/abatimiento del concepto de sujeto/subjetividad, se reconocen rasgos societales y tendencias contemporáneas en las expresiones concretas de sujetos subjetivados, veamos algunos de ellos:

Rasgos societales contemporáneos para la emergencia de subjetividades

Rasgos globales

Los rasgos societales propios de la globalización y  que permiten que se instituyan nuevas subjetividades y con ello desujetarnos de las sujeciones que nos sujetan, son a decir de Martín Barbero (2004; 33-34) los siguientes: primero, El transito de una sociedad integral (buscaba que todos estuvieran dentro de ella) hacia una sociedad dual de integrados y excluidos. Segundo, existencia de una sociedad estructuralmente fracturada. Tercera, la división entre estado y sociedad se hace cada vez más fuerte y visible. Cuarta, Imposibilidad que tiene la política para mediar entre las lógicas de la economía y las dinámicas de los mundos de la vida. Quinta, la impotencia al reconocer que cada día menos dimensiones de la propia vida dependen de mí y no poder reconocer de quién depende. Todo lo anterior, como condición contemporánea que deja en historicidad de presente pasado y a manera de huellas, nociones y prácticas propias de la modernidad.

Rasgos nacionales

En éste contexto viven los jóvenes del siglo XXI, pero no todos lo viven de la misma manera, en cuanto lo que se presenta es una tendencia para llegar a ser, ser. De allí la necesidad de investigaciones en contextos específicos que den cuenta de las particularidades que asume en la vida cotidiana, su concreción. Pero, hablando en niveles de generalidad y abstracción teórica, es posible caracterizar los rasgos societales de vida de los jóvenes Colombianos así:

Predominio de la vida urbana sobre la vida rural. Lo que trae consigo cambios en las costumbres y campos culturales en los que se ven inmersos los jóvenes y que actúan a manera de instituyentes de sus “estilos de Vida”.

Hibridez en los hábitos culturales. De lo anterior, se deriva que no exista una única manera de ser joven, presentándose jóvenes sicarios, paramilitares, guerrilleros, jóvenes de grupos comunitarios, consejeros municipales, militantes de grupos políticos, jóvenes universitarios, jóvenes vinculados con el arte en sus diferentes manifestaciones, o simplemente jóvenes que viven la vida como ella es. Cada grupo o joven tiene su propia manera de actuar, sus símbolos, sus identidades, sus prácticas, que en mixtura asumen, viven y transforman.

Segregación social, cultural y política. La sociedad Colombiana caracterizada por la acumulación de capital en pocas manos, es ya, desde allí, segregadora y excluyente de amplias capas de la población, así los jóvenes no tienen la posibilidad de acceder hasta la educación universitaria y por ende llegar a ser profesionales o técnicos; Por los niveles de desempleo que alcanzan el 17% a nivel Nacional, ellos son directamente excluidos del nivel productivo; a nivel cultural se les rechazan sus formas de expresión, se rotulan las maneras como actúan y entran en conflictos generacionales e interculturales; en el ámbito político, referido a las esferas de control del estado, aún predomina la figura del hombre adulto y se considera a los jóvenes como inexpertos y no preparados para actuar en el ámbito público.

Afectación por el conflicto armado interno. Cuarenta años continuos de enfrentamiento y conflicto armado interno, hace que los jóvenes de las tres últimas décadas hayan nacido en esta condición social de “guerra” y sean formados en la tensión entre una sociedad civilista que trabaja colectivamente por vivir sin enfrentamiento armado y el lenguaje y las prácticas patriarcales guerreristas que ven como única opción para dirimir las diferencias y acceder al poder del estado, el uso de las armas.

Tensión entre las propuestas de vida globalizada y la local. La hibridez en los estilos de vidas de los jóvenes se encuentra con el telón de fondo de la globalización que les muestra tecnología como Internet para acceder al conocimiento; nuevos medios para comunicarse como los Teléfonos celulares en sus diferentes variantes y servicios (cámara Fotográfica incluida, buzón de mensajes, envío y recepción de textos, acceso a Internet, acceso a música) email para ampliar las maneras e interlocutores en la comunicación; desarrollo de los videojuegos; uso del Walkman con lo que se individualiza y se hace selectiva la clase de música que se desea escuchar, pero a la vez se presentan condiciones específicas de vida local donde aparentemente se masifican tales tecnologías generando la exclusión o la ilusión de muchos jóvenes frente a tales ofertas.

Tendencias contemporáneas en las expresiones de subjetividad

Si el sujeto y la subjetividad tanto en el sentido filogenético, como en el ontogenético son históricos y constituidos en la tensión entre lo individual y lo social, los conceptos que la designan también varían y se deben ubicar en los contextos espacio - temporales correspondientes, por ello, Martín Barbero (2004; 38- 40) planteará dos ámbitos de transformación de la subjetividad:

1.- El campo de las condiciones de trabajo. Que se derivan de las maneras como en la sociedad del conocimiento se inserta el trabajador ( y el no trabajador) y que varía de las formas propias en la producción de mercancías de la sociedad industrial “aquí hay un cambio radical en lo que significa ser sujeto, el sujeto del tiempo largo en el estudio, y el tiempo largo en el oficio así sea de tornero o de maestro de escuela, pues resulta que el tiempo largo era sinónimo de tiempo de la vida, y era por eso que uno podía hacer proyectos, porque sabía que iba, que con el tiempo iba ganando en la escala de trabajo y la salarial. Eso era lo que se entendía por seguridad social, y cuando es el sentido de al seguridad lo que se quiebra, el sujeto se rompe, se extravía estalla”

2.-El mundo de la técnica. En relación con la sociedad del conocimiento se derivan otras formas de vínculo con la técnica y la tecnología que va más allá de la relación con aparatos físicos, de allí que “Lo que hoy nombramos como tecnología necesita ser pensado por fuera del tiempo de la maquina, ya que el computado no es una máquina sino una tecnicidad cognitiva (Levy 1990;Jacob 1997 y 2002) y por tanto, lejos de la relación cuerpo maquina, lo que la virtualidad digital instaura es una aleación entre cerebro e información

A partir de lo anterior, Martín Barbero (2004; 40) propone algunos rasgos característicos de las nuevas subjetividades, son estos: inestabilidad identitaria individual y fortalecimiento de los fundamentalismos identitarios; fragmentación de la subjetividad; presencia de sujeto con autoconciencia problemática; Multiplicidad de mapas de referencia de su identidad; múltiples referentes de sus modos de pertenencia; identificación desde diferentes proyectos; desestabilización de la mismidad del sujeto desde el que hablaba un yo; se está intima y estructuralmente mediados por las interacciones desde y con la tecnología “se trata de un sujeto ya no pensable de adentro para afuera sino al revés, de afuera para adentro. Un sujeto tanto más formado cuanto más densa y fuerte sea la trama de las interacciones que mantiene con otros sujetos” (Martín Barbero, 2004; 41);

Opciones par hacer el transito de una subjetividad moderna a una subjetividad contemporánea

Maffesoli (2004; 27-29) propone varios elementos para repensar el “sustancialismo de la Subjetividad” como rasgo moderno y (digo yo) hacer la transición hacia la contemporaneidad. PRIMERO, contra lo cognitivo estaría la idea de experiencia, donde diferencia entre la experiencia colectiva que sería arquetípica y la experiencia personal “Y es allí donde estamos al otro lado de la subjetividad, es allí donde hay algo que hace que nuestra experiencia personal adquiera sentido sólo en el marco general de la experiencia colectiva…. Por ejemplo, hemos visto que las prácticas juveniles son prácticas del orden de la experiencia”. SEGUNDO, contra la perfección , la completud “que es la enteridad del ser en infinitivo, es decir el cuerpo y el espíritu al tiempo… en las practicas juveniles siempre hay, en diversas maneras, una integración del contrario, donde el mal no asusta, donde el diablo se asume ” TERCERO, contra la identidad propia de la modernidad las identificaciones múltiples, referido a que siempre se es otro, en colectivo, con referencia a alguien “en la que se encuentra el germen de las resistencias, de la subversiones”. CUARTO, contra el individualismo moderno que se basa en el principio de relación, el principio de la interacción, que ya no se basará en el orden de lo cognitivo, sino de lo emocional. QUINTO, contra el consumismo, la consumición “ como cuando algo es consumido por el fuego, no una sociedad de consumo sino una sociedad que quema afectos, que quema bienes, que quema objetos: una idea de gasto, de perdida, la perdida de sí en el otro”. SEXTO, contra el logocentrísmo, el locuscentrísmo, es decir dejar de lado la supremacía por la palabra y el concepto para ir a la presentación de lo que es en la tierra, en la comunidad, en el territorio. SEPTIMO, contra el proyecto, el trayecto/trayectividad “que es una relación entre la subjetividad e intimidades objetivas… Una intimación es algo que me limita, ya no soy entonces el amo de mi cuerpo. Hay una negociación: ya no soy el amo de la naturaleza: hay una negociación”. OCTAVO, contra el desencanto del mundo un reencantamiento, NOVENO, Contra la paranoia (entendida a la manera de los griegos como pensar por lo alto, y creer que se crea cuando se nombra) la metatonia “que es el pensamiento del acompañamiento dinámico (para) un ser que está siempre en devenir”.

Subjetividad política

Si como se ha planteado en el presente texto - en el título “ser o no ser he ahí el dilema”- “La subjetividad es un proceso de reflexibilidad que asume cada quién, cuando piensa sobre sí mismo” propongo asumir la subjetividad política como un proceso constitutivo de la subjetividad en el cual el sujeto reflexiona sobre su condición como integrante de una colectividad y los procesos de corresponsabilidad social que de ello se deriva y que se expresa en términos de lo político y la política. Tal reflexividad le permite irse instituyendo como sujeto político, uno de cuyos rasgos es el ejercicio instituyente de la ciudadanía en marcos ya instituidos.

Esta tensión entre lo instituyente y lo instituido de la política, lo político y la ciudadanía lleva a rasgos particulares en el ejercicio y representación social de tales procesos/cualidades de la subjetividad política de los jóvenes y que se caracteriza de manera estereotipada (aquí, nuevamente la falta de investigación – al menos para el caso Colombiano - impide superar tales estereotipos por conceptos académicos) desde acciones tales como: individualismo y su correlato de poca participación electoral, desinterés por la política, apatía frente a lo colectivo y lo público, escasa vinculación a grupos, movimientos y partidos políticos.   

Lo anterior puede deberse a lo que Maffesoli (2004; 26) denomina “la saturación de la noción de sujeto” para ello diferencia entre fin y saturación, lo primero conduce a una noción judeo cristiana que supone existió un principio y llegará un fin, lo segundo “es algo distinto, es la simultaneidad de la impermanencia y de una forma de continuidad”, con ello no se indica que no exista el sujeto, sino que éste ha cambiado, es distinto al que ha protagonizado la modernidad, por lo que la noción que lo caracterizaba hay que repensarla para los tiempos de hoy. Continúa diciendo Maffesoli “hay entonces una saturación de la noción del sujeto y por supuesto una saturación de todo este imaginario moderno, pero se sigue funcionado sobre una noción logocéntrica del mundo… quiero decir con ello que a pesar de que no haya sujeto, no quiere decir que no haya nada más. Aunque no haya contrato social, palabras tales como institución, democracia, libertad, ciudadanía, Estado, Nación, eso no quiere decir que no haya el estar juntos” y plantea el siguiente reto para el pensamiento “El desafío intelectual, el trabajo intelectual, el trabajo universitario, es el de encontrar las palabras pertinentes que sabrán dar cuenta de lo que es vivido”

En estos rasgos de las subjetividades políticas de los jóvenes y de acuerdo a la característica de las identidades múltiples propio de las subjetividades contemporáneas se presentan resistencias que no son políticas pero que a decir de Maffesoli (2004; 28) caracterizan las prácticas juveniles “que, por ejemplo, a la vez que marcan una desafección muy fuerte con relación a lo político, expresan un modo de resistencia, incluso de subversión, en esta especie de duplicidad”, asimismo desde el principio de interacción pasar de la autonomía con su planteamiento de “yo soy mi propia ley”, hacia la heteronomía donde “mi ley es dada por otro, sólo existo bajo mirada del otro”

En la perspectiva de Martín Barbero (2004;40) frente a un sujeto frágil y roto a los jóvenes se le hacen mayores exigencias de responsabilidad de sí mismo “en un mundo donde las certezas tanto en el plano del saber como en el plano ético o político son cada vez menos”, los sujetos sobre todo los jóvenes asumen la relación social como una experiencia que pasa básicamente por la sensibilidad y la corporeidad que surge como reacción a las inestabilidades que las instituciones les ofrecen, en este contexto, los partidos políticos han perdido su identidad dados los niveles de corrupción, que llenan el vacío ideológico, la ausencia de densidad simbólica y la incapacidad de convocatoria.

Otro rasgo de la subjetividad política de los jóvenes es mediado por vía del chat y otras formas de comunicación ”anónima” donde se escapa a las construcciones sociales que le dan identidad, y se inventan otros yoes generando la sensación de “una subjetividad sin identidad” que le hace tener la noción de libertad, pero esto conlleva una contradicción y es que es una expresividad funcional al capital y al mercado “la paradoja no puede ser más cruel, pues la misma tecnología que nos posibilita nuevas experiencias de creatividad puede crearnos la ilusión más ilusoria de una autonomía que nada tiene que ver con la inercia y la sumisión cotidianas que nos rigen en la vida social”( Martín Barbero, 2004; 44)

Ciudadanía juvenil

Si las condiciones materiales, culturales, económicas y políticas, han variado, no es posible seguir explicando, interpretando y comprendiendo la realidad con los mismos parámetros y categorías de los siglos precedentes, así, si la tendencia es al debilitamiento y desaparición de los estados nación que sirvieron de base para la noción de ciudadanía política liberal, expresión a su vez de un sujeto político ¿qué sentido tiene hablar de ciudadanía asumida SOLO como sujeto de derechos y deberes? Al menos, si éstos se ligan, sólo al plano de la sociedad política, y no al HOMBRE, tal como se plantea en los derechos del hombre y del ciudadano.

Touraine (1999; 233) planteará algunos escenarios para resignificar la noción de ciudadanía en la contemporaneidad, primero, reconocer que la disolución de las naciones, por la economía globalizada no será una realidad, segundo, tampoco lo será la disolución de ellas, en cuanto unidades políticas, absorbidas por el mercado. Tercero, reconocer que lo que está en crisis es la influencia del Estado identificado con valores universales sobre una sociedad considerada como Nación, es decir la “dominación de las categorías políticas sobre las categorías sociales, por lo tanto de la unidad sobre la diversidad”. Cuarto, reconocer la necesidad de unas mediaciones entre la economía y las identidades sociales, que no son sólo mediaciones para un reglamento de copropiedad, lo anterior implica que “sólo puede ponerse en comunicación unas identidades culturales y un espacio económico si es un lugar político de transformación de un medio económico en sistema social y, por otro lado, de comunicación intercultural” (Touraine, A, 2000) Quinto, llevar al plano realizativo y lo más lejos posible la democratización de las instituciones. Sexto reinterpretar constantemente lo que se pueda llamar cultura nacional. Séptimo, el reconocimiento de la identidad social y cultural de un conjunto político que es un sujeto real, un sujeto político. Éste, asumido como colectivo e individual “Esta capacidad de combinación no asume aquí la figura de una historia de vida individual, sino la de una decisión política libre y democrática que produce una modalidad particular, nacional o local, de combinación de una economía y una cultura”. Octavo, diferenciar entre sujeto personal y sujeto democrático, pero sin que aquel “se confunda con un individualismo indiferente a los asuntos públicos, y a la vez, para que nuestra concepción de éstos deje de identificarse con el fortalecimiento del Estado – nación es que la nación aquí invocada es más una democracia orientada hacia la defensa de los derechos políticos, sociales y culturales de cada uno que una república definida por ciertas instituciones y una soberanía” (Touraine, 2000;223)

En éste contexto se puede asumir la ciudadanía juvenil, de un lado, como una manera de ver la ciudadanía con fines analíticos y de otro, una modalidad de ejercicio de la ciudadanía. Lo primero en tanto reconozcamos la integralidad del actuar humano y la necesidad de volver a unir lo que la racionalidad moderna ha separado tanto en el plano del actuar diario, como en el de lo conceptual.

Lo segundo, en cuanto aspiremos a reconocer formas particulares de vivencia de lo político desde los jóvenes, las maneras de concreción de la democracia en cuanto estilo de vida que en interrelación con la democracia como forma de gobierno forje horizontes para la constitución/institución/instituyente de sujetos y subjetividades políticas. Estas deben ser permeadas por las sensibilidades, los afectos, las corporeidades, en complemento con la razón descentrada, no monológica, ni omnicomprensiva, buscando encuentros entre las necesidades y potencialidades tanto individuales como colectivas. Es volver a forjar utopías pero sin domeñar al sujeto, finiquitar su existencia y desubjetivizarlo.  

Bibliografía

Cubides, Humberto. Formación del sujeto político. Escuela, medios y nuevas tecnologías de la comunicación y la información. En: Laverde; Toscano, María Cristina y otras (editoras) Debates sobre el sujeto. Perspectivas contemporáneas. Universidad Central- DIUC. Siglo del hombre Editores. Bogotá, 2004

Descartes, René. Discurso sobre el Método. Investigaciones de la Verdad. Ediciones Universales, Bogotá, 1981.

Maffesoli, Michel. Yo es otro. En: Laverde; Toscano, María Cristina y otras (editoras) Debates sobre el sujeto. Perspectivas contemporáneas. Universidad Central- DIUC. Siglo del hombre Editores. Bogotá, 2004

Martín Barbero, Jesús. Crisis Identitarias y transformaciones de la Subjetividad. En: Laverde; Toscano, María Cristina y otras (editoras) Debates sobre el sujeto. Perspectivas contemporáneas. Universidad Central- DIUC. Siglo del hombre Editores. Bogotá, 2004

Morin, Edgar. La Noción de sujeto. En: Fried schnitman, Dora. Nuevos paradigmas, cultura y subjetividad. Paidós, Buenos aires, 1995

Savater, Fernando. El Valor de Educar. Ariel, Barcelona, 1997

Sartre, Jean-paul. El ser y la nada. Editorial Altaya, Barcelona, 1993.

Touraine, Alain. ¿Podremos vivir juntos? Fondo de Cultura Económica, Bogotá, 2000

Zizek, Slavoj. El espinoso sujeto. El centro ausente de la ontología política. Paidós, Buenos Aires, 2001.

Pour citer ce document

Alvaro Díaz Gomez, «Subjetividad política y ciudadanía juvenil», Les cahiers psychologie politique [En ligne], numéro 7, Juillet 2005. URL : http://lodel.irevues.inist.fr/cahierspsychologiepolitique/index.php?id=1140

Quelques mots à propos de :  Alvaro Díaz Gomez

Estudiante del Doctorado en Ciencias Sociales, Niñez y juventud. Universidad de Manizales- CINDE
Docente de la Universidad Tecnológica de Pereira; Universidad Nacional de Colombia sede Manizales y Universidad de Manizales